¡JAQUE MATE, ATEOS!
Tomas tu rifle y abres las puertas de la armería de una patada. La gente voltea a mirarte, y tú sonríes maliciosamente. Apuntas mirando a través de la mirilla a una señora que luce asustada y aprietas el gatillo. Primera baja. Segunda baja. Décima baja. La adrenalina te absorbe por dentro, apoderándose de tu consciencia y, para cuando quieres darte cuenta, te has cargado a la mitad de la población del barrio. Tienes que huir.
ESPERAR A LA POLICÍA ESCONDERTE EN EL TREN


No hay comentarios:
Publicar un comentario